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El Tianguis 50: entre la celebración y la advertencia

Actualizado: 4 may

El Tianguis Turístico de México volvió a su casa histórica: Acapulco. No es un dato menor. Durante décadas, este destino fue sinónimo del evento más importante del turismo nacional, y su regreso —en la edición número 50— tiene una carga simbólica potente, especialmente tras los estragos del Huracán Otis.


Hoy, el modelo itinerante del Tianguis se mantiene: un año fuera, un año en su sede tradicional. Venimos de Baja California y el siguiente será en Puebla. Pero este regreso a Acapulco no era uno más: era una prueba.

Y Acapulco cumplió.

Quien ha regresado recientemente lo sabe. La atención sigue siendo impecable. Hay algo en la esencia acapulqueña que permanece intacto: una comunidad que entiende —quizá mejor que muchas otras— que vive del turismo. Aquí no importa si eres hotelero, restaurantero o incluso veterinario: el turismo permea todo. Es una economía transversal, asumida con orgullo y con claridad.



Mientras en destinos como Barcelona se debate abiertamente sobre la saturación turística y el rechazo al visitante a través de la turismofobia, Acapulco representa el extremo opuesto: una ciudad que abraza su vocación.


Lo bueno: músculo, presencia y negocio

En términos de exposición, el Tianguis fue sólido.

El recinto de Expo Mundo Imperial se llenó por completo. Los stands alcanzaron un nivel notable en diseño y propuesta. Todos los estados estuvieron presentes, junto con cadenas hoteleras, tour operadores y una participación internacional relevante de Latinoamérica.

Firma de Convenio de Colaboración de Expertos en Turismo y San Luis Capital
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Hubo agenda: conferencias, presentaciones,

eventos gastronómicos, firmas de convenios, encuentros con medios. El ecosistema completo del turismo estuvo activo.

Y lo más importante: hubo negocio.

Para muchos —incluyéndome—, fue una de las ediciones más productivas en términos comerciales. Porque el Tianguis, al final, sigue siendo eso: una plataforma de transacción.

Sin embargo, incluso dentro de este balance positivo, hubo señales que no pueden ignorarse. Durante el evento de inauguración se registró un apagón de más de 15 minutos. Un detalle que, más allá de lo anecdótico, expone fallas de operación y deja ver ciertos niveles de improvisación en un evento que, por su relevancia, debería ser impecable en su ejecución.



A esto se suman las cifras oficiales, que invitan a una lectura más crítica. En la edición de 2022 se reportaron 64,950 citas de negocio. En esta edición, la cifra descendió a alrededor de 64,000. Puede parecer marginal, pero no lo es cuando se analiza en contexto.

El número de compradores también disminuyó: de 1,745 en 2022 a 1,402 en esta edición. Y quizá el dato más revelador: los países participantes pasaron de 45 a 30.

La tendencia es clara: hay una reducción en la participación dentro de la que sigue siendo la plataforma turística más importante del país.



Lo malo: la peligrosa austeridad de la experiencia

Pero hay una realidad incómoda: el Tianguis está perdiendo alma.

Históricamente, este evento no solo se medía por citas de negocio, sino por su capacidad de generar comunidad. Momentos icónicos como la “Carnita Asada del sureste”, inauguraciones memorables —como la de Yucatán— o el tradicional pase de estafeta eran más que protocolo: eran espacios de networking real.

Hoy, muchos de esos momentos han desaparecido o se han reducido a actos institucionales sin vida.

La llamada “austeridad republicana” ha permeado en la experiencia del evento. Y ahí es donde las cifras empiezan a hacer sentido.

El perfil del asistente del Tianguis —directores, compradores, inversionistas— no viaja únicamente por una expo. Viaja por la experiencia completa: por los encuentros informales, por los cócteles, por los espacios donde realmente se cierran los negocios.

Porque sí, muchos de los acuerdos más importantes del turismo no se firman en una mesa de citas… se cierran en un evento social.

Reducir eso es debilitar el evento. Y posiblemente, también, reducir su capacidad de convocatoria internacional.



Ante esta ausencia, el sector privado comienza a llenar el vacío. Ejemplo claro fue la fiesta en la playa de Vidanta organizada por Cloudbeds, que entendió perfectamente lo que estaba faltando: generar comunidad, propiciar networking real y devolverle al Tianguis ese componente social donde, históricamente, también se cierran los grandes negocios.


La ausencia del poder: cuando el mensaje también es político


Pero hay otro elemento que también manda señales —y no menores— sobre la relevancia actual del evento.

Mientras ferias internacionales como FITUR son inauguradas por los Reyes de España, en México la figura presidencial ha estado ausente durante años en el Tianguis Turístico de México.

En su lugar, la representación recae de forma constante en la Secretaría de Turismo de México y en el secretario en turno. Más allá del protocolo, el mensaje es claro: el turismo, al menos en este espacio, no está siendo respaldado al más alto nivel político.

Y en una industria donde la señal institucional pesa —y mucho—, esa ausencia no es menor. Impacta en la percepción, en la convocatoria y en la proyección internacional del evento.

Porque al final, en turismo —como en casi todo— lo que no se prioriza… se nota.


Acapulco: resiliencia en proceso

Más allá del evento, Acapulco sigue en reconstrucción. Hay avances visibles, hay zonas renovadas, hay esfuerzo.

Y hay algo más importante: hay actitud.

El destino no solo está de pie, está compitiendo.


Ian Poot, Bernardo Cueto y Pepe Chapur
Ian Poot, Bernardo Cueto y Pepe Chapur


Conclusión: un Tianguis productivo… pero incompleto

El balance es positivo en términos de negocio y operación. Pero hay una alerta clara en la experiencia… y ahora también en los números.

El Tianguis Turístico de México no puede convertirse en una simple expo eficiente. Su valor histórico está en ser un punto de encuentro integral del turismo mexicano.

El reto hacia Puebla será claro: recuperar el alma sin perder la eficiencia… y, sobre todo, sin perder relevancia.

Porque si algo ha demostrado Acapulco, es que cuando el turismo se entiende… se defiende con todo.


 
 
 

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