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Cancelan la Travesía Sagrada Maya… la tradición que nadie defendió en 500 años”

Actualizado: 17 abr

Durante más de 500 años, la Travesía Sagrada Maya no existió.

No porque no fuera importante.

No porque no tuviera valor simbólico.

Sino porque nadie hizo nada por rescatarla.

Ni gobiernos. Ni instituciones. Ni académicos. Ni autoproclamados guardianes de la cultura. Ni el . Nadie.



Fuente: Xcaret
Fuente: Xcaret

La peregrinación que partía de Polé hacia Cozumel para rendir culto a Ixchel simplemente desapareció… y así se quedó, durante siglos, en el archivo muerto de la historia. Hasta que apareció una empresa.

El hizo lo impensable: tomó una tradición olvidada y la convirtió en una experiencia viva. La organizó, la entrenó, la produjo y la sostuvo durante casi dos décadas.

Y entonces pasó lo más predecible de México: empezaron las críticas.


Hace años me invitaron a asistir a la Travesía Sagrada Maya.
Hace años me invitaron a asistir a la Travesía Sagrada Maya.

El deporte nacional: criticar al que sí hace

Que si es espectáculo. Que si está “turistificado”. Que si cobra. Que si no es “auténtico”. Curioso.

Durante 500 años nadie dijo nada porque no había nada.

Pero en cuanto alguien lo hace, entonces sí aparecen los expertos, los puristas, los opinadores profesionales.

Es fácil defender la cultura… cuando no implica hacerla.

Porque hacerla cuesta. Y mucho.



Más de 300 canoeros entrenando durante seis meses no es discurso: es operación. Es dinero. Es logística. Es disciplina. Es compromiso real, no retórica cultural de escritorio.


La mentira más cómoda: “la cultura debería ser gratis”

No. No debería. Esa idea no es noble, es irresponsable. Nada es gratis. Nunca lo ha sido.

Si no lo paga el usuario, lo paga el contribuyente.


Si no hay modelo económico, no hay continuidad. Pero en México seguimos atrapados en una fantasía: creer que la cultura debe sostenerse sola, como si no implicara recursos, personas, infraestructura y tiempo.

La Travesía Sagrada Maya funcionaba porque tenía un modelo.

No dependía de sexenios. No dependía de presupuestos públicos.


Dependía de que alguien entendió que la cultura también necesita ser sostenible.

Y eso, para muchos, es imperdonable.


Travesía Sagrada 2017
Travesía Sagrada 2017

¿Autenticidad? ¿Según quién?

Otro argumento recurrente: que los participantes no eran “verdaderos mayas”.

En una edición, muchos canoeros eran extranjeros. Argentinos, incluso eran la mayoría.


¿Y?

¿Quién decide quién tiene derecho a participar en una tradición?

¿Un comité? ¿Una institución? ¿Un discurso identitario conveniente?

La cultura maya nunca fue estática. Se expandió, migró, se mezcló. Hoy abarca varios territorios pero cuando alguien externo participa, entonces sí hay problema.

La contradicción es evidente: romantizamos la cultura… pero queremos controlarla.


El golpe más incómodo: ni siquiera investigamos lo nuestro

Mientras aquí discutimos quién puede o no remar una canoa, el conocimiento profundo sobre la lengua maya clásica está siendo desarrollado fuera del país.

El portal académico más robusto sobre escritura maya está vinculado a la Universität Bonn, en Alemania.


Es decir:

No solo no ejecutamos la cultura, tampoco concentramos su investigación.

Pero eso sí: opinamos.


La cancelación no es el problema, es el síntoma


Que se cancele la Travesía Sagrada Maya no es lo grave.

Lo grave es lo que revela:

  • Un país que exige cultura, pero no la financia

  • Una sociedad que critica al que ejecuta

  • Instituciones que llegan tarde… o no llegan

  • Y una profunda confusión entre preservar y romantizar

Durante siglos nadie hizo nada.

Travesía Sagrada 2017
Travesía Sagrada 2017

Durante 20 años alguien lo hizo.

Y hoy, ese alguien decide parar.

La pregunta que nadie quiere responder

Si la cultura no es del Estado, no es de la empresa, no es de los académicos, ni de los “guardianes”…

Entonces, ¿de quién es?

Porque una cosa es segura: no es de quien solo la critica.


Mi experiencia en la Travesía


Yo estuve ahí, en la Travesía Sagrada Maya, y sí, podrá ser criticada por teatral, por recreación, por no ser “auténtica” en términos estrictos… pero también puedo decir que pocas veces he sentido algo así. Vi a los canoeros entrar después de horas en el mar, y vi a la gente llorar al recibirlos. Era una emoción que te erizaba la piel. No era un espectáculo para turistas —porque los turistas no se levantan a las 5 de la mañana para ver una salida—, era algo de ellos: de las familias, de los canoeros, de la comunidad que los esperaba. Era una experiencia profundamente humana, hermosa y cuidada hasta el último detalle: los vestuarios, la preparación, la entrega. Y también vi la tristeza en voz de Liliana Rodríguez en conferencia de prensa, hablando de quienes entrenaron durante meses para algo que simplemente ya no va a suceder. Porque más allá de lo que represente o de cómo se juzgue, aquí no solo se cancela un evento: se está arrancando un pedacito de algo que ya era significativo. Y entonces la pregunta es inevitable: al Consejo Maya, ¿quién lo va a hacer ahora?, al INAH, ¿quién va a llenar este vacío? Porque lo que queda no es solo un silencio operativo… es un hueco en la historia del turismo.


 
 
 

1 comentario


Invitado
17 abr

Excelente artículo, felicidades

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