El gobierno no debería ser empresario
- Ian Poot Franco

- hace 11 horas
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México tiene una extraña habilidad para repetir experimentos que ya fracasaron y después presentarlos como innovación. Durante décadas el gobierno quiso ser hotelero, aerolínea y ferrocarrilero. Administró empresas, absorbió pérdidas y finalmente terminó vendiendo, liquidando o concesionando buena parte de ellas. Parecía que habíamos aprendido algo. Evidentemente no.

El gobierno no debería ser empresario turístico.
Su trabajo debería ser construir infraestructura, garantizar seguridad, generar certeza jurídica, promover destinos y crear condiciones para que las empresas inviertan. Administrar hoteles, vender boletos de avión o competir por pasajeros debería corresponder a quienes arriesgan su propio dinero haciéndolo.
México ya tuvo hoteles públicos. Nacional Hotelera atravesó problemas financieros, fue intervenida por Nacional Financiera alrededor de 1970 y posteriormente llegó a contar con 21 hoteles en 1976. De aquella historia surgiría Hoteles Presidente y, con el tiempo, el gobierno terminaría desprendiéndose de los activos hoteleros. Ya fueron hoteleros y acabaron vendiendo los hoteles.
También el gobierno ya tuvo aerolíneas. Aeronaves de México fue nacionalizada en 1959 y permaneció durante décadas vinculada al Estado. Mexicana también llegó a ser una empresa de participación estatal. Finalmente llegaron las quiebras, reestructuraciones y privatizaciones. Ya habíamos descubierto que tener una aerolínea gubernamental no era precisamente el negocio del siglo.
Con los ferrocarriles ocurrió algo parecido. Ferrocarriles Nacionales de México permaneció durante décadas en manos del Estado hasta que en los noventa comenzó su desincorporación. La red se dividió y concesionó a operadores privados; Grupo México obtuvo, entre otras, la concesión del Pacífico-Norte que daría origen a Ferromex. En 2001 se decretó formalmente la extinción de Ferrocarriles Nacionales.
Ya habíamos hecho el experimento: hoteles, aviones y trenes.
Y unas décadas después decidimos volver a empezar.
El Estado empresario, segunda temporada
Con el Tren Maya, Mexicana de Aviación, el AIFA, el Aeropuerto de Tulum y los Hoteles Mundo Maya regresó aquella vieja fascinación mexicana por el Estado empresario, solamente que esta vez agregamos una innovación: pusimos a los militares a administrarlo.
El Grupo Aeroportuario, Ferroviario, de Servicios Auxiliares y Conexos Olmeca-Maya-Mexica —hoy Grupo Mundo Maya— está sectorizado a la Secretaría de la Defensa Nacional y participa en aeropuertos, hoteles, parques y museos. Al ecosistema empresarial militar se suman además Tren Maya y Mexicana de Aviación.
Tenemos entonces una situación maravillosa: el Estado regula aerolíneas y tiene una aerolínea; regula aeropuertos y administra aeropuertos; impulsa destinos turísticos y tiene hoteles dentro de ellos; construye un tren y después lo opera.
Es árbitro, jugador, dueño del estadio y, cuando pierde, también decide quién paga la cuenta.
¿Quién paga?
Nosotros.
Ésa es la diferencia fundamental entre el empresario y el gobierno empresario. Si un hotelero privado mantiene hoteles vacíos durante años, eventualmente quiebra. Si una aerolínea privada vuela permanentemente con pérdidas, desaparece o consigue inversionistas. Si un proyecto gubernamental pierde dinero, recibe una ampliación presupuestal y continúa.
El gobierno posee algo que ningún empresario privado tiene: contribuyentes.
Y los números empiezan a demostrar el problema. Mexicana de Aviación registró pérdidas operativas por aproximadamente 941 millones de pesos durante 2025. El Tren Maya también ha requerido miles de millones de pesos en transferencias públicas para sostener su operación y desarrollo.
No importa cuántos discursos pronunciemos: comprar aviones no produce pasajeros, tender vías no produce turistas y construir hoteles no genera ocupación.
El turismo tiene la desagradable costumbre de obedecer al mercado y no al gobierno.

¿Y Emirates?
Aquí inevitablemente aparece alguien diciendo:
“Pero Emirates es del gobierno”.
Sí. Y también Dubái es un emirato.
Emirates pertenece a la Investment Corporation of Dubai y constituye uno de los grandes ejemplos mundiales de una empresa vinculada al Estado extraordinariamente rentable. Pero utilizarla para justificar una aerolínea gubernamental mexicana ignora una diferencia gigantesca.
Dubái no cambia de emir cada seis años ni sustituye todo su proyecto económico porque ganó otro partido. Emirates forma parte de una estrategia económica de largo plazo dentro de un emirato gobernado bajo una estructura completamente diferente a la democracia sexenal mexicana. Tiene continuidad, disciplina corporativa, administración profesional y objetivos comerciales.
En México conocemos perfectamente el ciclo contrario: llega una administración, cambia directores, prioridades, proyectos y funcionarios; seis años después llega otra y vuelve a empezar.
Comparar ambos modelos solamente porque las dos aerolíneas pertenecen al sector público es bastante conveniente, pero intelectualmente flojo.
Zapatero a tus zapatos
Las Fuerzas Armadas mexicanas tienen funciones fundamentales y nadie debería minimizar su importancia. Precisamente por eso resulta difícil comprender en qué momento concluimos que administrar la defensa nacional también preparaba profesionalmente a alguien para vender habitaciones, desarrollar revenue management, negociar distribución hotelera, administrar una aerolínea o competir por pasajeros.
Un militar puede ser extraordinario haciendo aquello para lo que fue formado.
Eso no lo convierte automáticamente en hotelero.
De la misma manera que un magnífico director de hotel no debería dirigir mañana una operación militar porque su resort tiene 500 habitaciones y sabe administrar personal.
México no necesita militares aprendiendo hotelería. Necesita militares ocupándose de la seguridad nacional y empresarios turísticos haciendo turismo.
Y necesita, sobre todo, un gobierno que gobierne.
Que construya infraestructura, dé seguridad, genere certeza jurídica, promueva inversiones, facilite conectividad y deje trabajar a quienes arriesgan su patrimonio.
Porque esta historia ni siquiera es nueva. Ya tuvimos hoteles públicos, aerolíneas públicas y ferrocarriles públicos. Los terminamos vendiendo, liquidando o concesionando.
Ahora volvemos a tener hoteles, aerolínea y trenes gubernamentales.
Dentro de algunos años quizá volvamos a descubrir exactamente lo mismo.
La diferencia es que cuando un empresario se equivoca pierde su dinero.
Cuando el gobierno juega al empresario, pierde el nuestro.
Referencias
Aeroméxico. (2026). Our history. Grupo Aeroméxico.
Diario Oficial de la Federación. (1997). Concesión otorgada por el Gobierno Federal en favor de Ferrocarril Pacífico-Norte, S.A. de C.V. Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
Diario Oficial de la Federación. (2001). Decreto por el que se extingue el organismo público descentralizado Ferrocarriles Nacionales de México. Gobierno de México.
Diario Oficial de la Federación. (2023). Programa Institucional 2023-2024 del Grupo Aeroportuario, Ferroviario, de Servicios Auxiliares y Conexos Olmeca-Maya-Mexica, S.A. de C.V. Gobierno de México.
Diario Oficial de la Federación. (2026). Manual de Organización General del Grupo Aeroportuario, Ferroviario, de Servicios Auxiliares y Conexos Olmeca-Maya-Mexica, S.A. de C.V. Gobierno de México.
Government of Dubai. (2008). Law No. (29) of 2008 transferring the ownership of Emirates Corporation to the Investment Corporation of Dubai. Government of Dubai.
Reuters. (2026). Cuba defends military-run GAESA as U.S. sanctions prompt hotel exodus. Reuters.
Secretaría de Hacienda y Crédito Público. (2001). Cuenta de la Hacienda Pública Federal 2001. Gobierno de México.
Tren Maya, S.A. de C.V. (2025). Estados financieros e información presupuestaria. Gobierno de México.
Vargas Martínez, E. E., & Olivares Linares, A. (2008). Competitividad y orientación al mercado en hoteles de México. Innovar, 18(32).




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