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Lindavista y Tepeyac: el oasis gastronómico perdido del norte de la CDMX

Un recorrido por Lindavista, Tepeyac, La Villa y otros rincones gastronómicos del norte de la Ciudad de México que muchos todavía no se han atrevido a descubrir


Cuando alguien escucha “Gustavo A. Madero”, probablemente imagina una zona popular, caótica e incluso peligrosa. Durante años hemos construido una visión muy limitada del norte de la Ciudad de México, como si después de cruzar Circuito Interior desaparecieran la elegancia, la arquitectura y la buena gastronomía.

Sin embargo, en medio de ese norte injustamente despreciado existe un oasis: Lindavista, La Villa y la zona del Tepeyac.

Lejos de lo que muchos creen, Lindavista es una colonia tradicionalmente acomodada, de gran abolengo y con algunas de las casas más sorprendentes de la capital. Basta caminar por sus calles para encontrar residencias enormes, jardines, fuentes, arcos de piedra y una arquitectura que obliga a preguntarse: ¿cómo es posible que esto también sea el norte de la ciudad?

Lindavista ha sido llamada por algunos “la Narvarte del norte”: una colonia tradicionalmente residencial, de clase media y media alta, con amplias avenidas, comercios, restaurantes, escuelas y grandes casas que todavía conservan una arquitectura muy particular. Una zona con vida propia que durante décadas reunió a familias de profesionistas, empresarios, académicos y trabajadores vinculados con las industrias cercanas.

Lindavista y las colonias que la rodean concentraron importantes instituciones educativas, estudios cinematográficos, fábricas, comercios y empresas que sostuvieron durante décadas a las clases medias del norte de la capital. La historia de los Estudios Tepeyac, la actividad de la colonia Industrial y la cercanía con uno de los centros religiosos más importantes del continente ayudaron a construir una zona con una identidad completamente propia.

La Villa de Guadalupe no solamente fue un destino de peregrinaciones: también fue un punto de encuentro comercial, cultural y gastronómico.

Hoy quiero hablar de esos lugares que parecen perdidos dentro de la Ciudad de México. Restaurantes que podrían estar en la Roma, Polanco, Coyoacán o cualquier corredor gastronómico de moda, pero que sobreviven discretamente en Lindavista, Tepeyac, La Villa y sus alrededores.


1. Jimmy’s Subs: un jardín escondido en el norte

Jimmy’s Subs es uno de esos lugares que difícilmente imaginarías encontrar en esta parte de la ciudad. Algunas de sus sucursales están instaladas en casas adaptadas, con jardines, fuentes, piedra y una decoración que recuerda a una pequeña terraza mediterránea.

Fuente: Facebook de Jimmy’s Subs
Fuente: Facebook de Jimmy’s Subs

Su especialidad son las baguettes gratinadas, las tapas españolas, las ensaladas, los quesos, la charcutería y los panes tipo pizza. Es un espacio relajado, agradable y sin las pretensiones de los corredores gastronómicos tradicionales.

También tiene presencia en la colonia Industrial, una zona que conserva parte de esa historia de familias, talleres y empresas que sostuvieron durante décadas a las clases medias del norte de la capital.


📍 Avenida Tesoro 81, colonia Estrella.


2. Tommy Pizzas: ingredientes sin mezquindad

Tommy Pizzas es, para mí, una de las mejores opciones para comer pizza en el norte de la Ciudad de México.

Aquí no se escatima con los ingredientes. Sus pizzas son abundantes, generosas y preparadas sobre una masa delgada que permite disfrutar realmente de cada combinación.

La pizza de mariscos es espectacular, pero también vale la pena probar la combinada, la mexicana y la ranchera. Además, el establecimiento es amplio, cómodo y cuenta con un sótano con juegos, ideal para disfrutar tranquilamente con la familia o los amigos.


📍 Sierravista 204, colonia Lindavista.


3. Salvaje: un pequeño Tulum en Lindavista

Salvaje es uno de los espacios más sorprendentes de la zona. Su decoración bohemia, construida con madera, vegetación y piso de arena, recuerda inmediatamente a esos restaurantes de Tulum en los que todo parece diseñado para desconectarse de la ciudad.

Fuente: salvaje.art/
Fuente: salvaje.art/

Pero aquí no tienes que viajar hasta el Caribe ni pagar un avión para vivir esa atmósfera.

Además de ser un lugar visualmente espectacular, cuenta con cocina asiática y mediterránea, sushi de autor, café, mixología y coctelería creativa. Es una excelente opción para una cena, una tarde con amigos o una noche de tragos en un ambiente completamente distinto a lo que normalmente relacionamos con el norte.


📍 Riobamba 644, colonia Lindavista Sur.


4. El Mesón del Molinero: para paladares exóticos

Sobre Calzada de Guadalupe se encuentra uno de los restaurantes más singulares de toda la ciudad: El Mesón del Molinero.

Desde 1992, este lugar ofrece cocina mexicana, prehispánica y exótica. Aquí es posible probar escamoles, chapulines, chicatanas, chinicuiles, gusanos de maguey y otros ingredientes que forman parte de nuestra historia gastronómica.

Fuentes: Facebook del Mesón del Molinero
Fuentes: Facebook del Mesón del Molinero

Su carta también incluye carnes poco comunes como jabalí, venado y avestruz, además de cabrito, lechón y ternera. Es un restaurante para quienes quieren salir de lo convencional y descubrir sabores que difícilmente encontrarán reunidos en un solo lugar.

Está en Calzada de Guadalupe 50, en la colonia Ex Hipódromo de Peralvillo, prácticamente sobre la ruta histórica que conduce hacia La Villa.


📍 Calzada de Guadalupe 50, colonia Ex Hipódromo de Peralvillo.


5. Parrilla Danesa: abolengo y tradición en Lindavista

La Parrilla Danesa es uno de los grandes clásicos de Lindavista. Fue fundada en 1973 y conserva esa atmósfera de restaurante tradicional al que las familias regresan durante generaciones.

Es un lugar para comer con calma, cerrar un negocio, celebrar una ocasión importante o simplemente disfrutar una sobremesa larga. Su propuesta gira alrededor de los cortes, las parrilladas y la cocina mexicana, dentro de un espacio con una decoración clásica y personalidad propia.

No es un restaurante que persiga modas. Precisamente ahí se encuentra su encanto: representa el Lindavista tradicional, familiar y acomodado que pocas personas fuera del norte conocen.

📍 Matanzas 669, colonia Lindavista.


6. Monte Cristo: la casona señorial del norte

Si existe un lugar capaz de demostrar el abolengo gastronómico del norte, ese lugar es Monte Cristo.

Ubicado dentro de una casona señorial, su concepto recupera la esencia del antiguo mesón mexicano. Su carta reúne cocina regional, platillos de fonda, tradición cantinera y preparaciones de inspiración conventual.

Fuente: Facebook de Monte Cristo
Fuente: Facebook de Monte Cristo

Uno de sus detalles más característicos es el carrito de salsas, preparadas y martajadas directamente frente al comensal. La arquitectura, el servicio y la cocina hacen que entrar a Monte Cristo sea como descubrir una parte de la Ciudad de México que se quedó protegida del paso del tiempo.


📍 Insurgentes Norte 1980, colonia Lindavista.


7. El Nopalito: la gran tradición mexicana del norte

El Nopalito: paisaje gastronómico de la cocina mexicana

Con más de 70 años de historia, El Nopalito es uno de los restaurantes de mayor tradición y abolengo del norte de la Ciudad de México. Su enorme finca, rodeada de jardines y terrazas, ha recibido a generaciones de familias, artistas y personalidades del espectáculo.

Entre sus visitantes habituales se encuentran Gustavo Adolfo Infante y José Eduardo Derbez, hijo de Victoria Ruffo y Eugenio Derbez, quien incluso “trabajó” simbólicamente ahí durante su infancia. Décadas después, eligió el restaurante para celebrar el bautizo de su hija Tessa.

Su propuesta, definida como un “paisaje gastronómico de la cocina mexicana”, incluye mole negro oaxaqueño, escamoles, barbacoa y su tradicional chile en nogada. El Nopalito no necesita inventarse una historia: lleva más de siete décadas construyéndola.


📍 Insurgentes Norte 1037, colonia Guadalupe Insurgentes.


8. Henry Ford: el corredor gastronómico de Guadalupe Tepeyac

La calle Henry Ford se ha convertido, casi sin proponérselo, en uno de los corredores gastronómicos más concurridos del norte de la Ciudad de México. El recorrido comienza prácticamente en su cruce con Calzada de Guadalupe, donde se encuentran los famosos Tacos y Burros Tepeyac —mejor conocidos por muchos como los “Pechutacos”—, un pequeño puesto callejero frente al número 19 que puede generar filas de más de una hora.

A unos pasos aparecen las tradicionales hamburguesas al carbón, taquerías, fondas, pescaditos y restaurantes de comida mexicana como El Carnal, ubicado en Henry Ford 83. También se encuentran A la Plancha, en el número 107, y las famosas Hamburguesas al Carbón Torreón, en el 119. Conforme se avanza hacia Plaza Tepeyac, se suman restaurantes como Chili’s y diferentes establecimientos de comida rápida.

En unas cuantas cuadras conviven puestos callejeros, taquerías, hamburgueserías, fondas familiares y grandes cadenas. Henry Ford no fue diseñada como corredor gastronómico, pero el apetito de sus visitantes terminó convirtiéndola en uno de los pasajes culinarios más diversos y populares de Guadalupe Tepeyac.


El norte también existe

Lindavista, Tepeyac, La Villa, la colonia Industrial y sus alrededores tienen una riqueza gastronómica que casi nunca aparece en las guías tradicionales de la Ciudad de México.

El problema no es que en el norte no existan buenos restaurantes. El problema es que buena parte de la conversación gastronómica de la capital parece terminar en la Roma, la Condesa, Polanco o Coyoacán.

Mientras algunos restaurantes de moda gastan fortunas tratando de fabricar una historia, en el norte existen establecimientos que llevan décadas construyéndola.

Aquí hay casonas señoriales, terrazas escondidas, jardines, fuentes, arquitectura de piedra, cabrito, cocina prehispánica, carnes exóticas, pizzas generosas, tacos al carbón y restaurantes familiares que han acompañado a varias generaciones.

La próxima vez que alguien diga que en el norte de la Ciudad de México no hay nada que conocer, llévalo a Lindavista, recorre las calles del Tepeyac y termina comiendo cerca de La Villa.

Probablemente descubrirá que el norte no era el lugar del que debía alejarse.

Era el lugar que todavía no se había atrevido a conocer.

 
 
 

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