10 errores que México está cometiendo y que le costarán caro al turismo
- Ian Poot Franco

- hace 2 días
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Durante décadas, el turismo fue una de las pocas políticas públicas en México que funcionaban con relativa eficiencia. Hoy, no es exagerado decir que varias decisiones recientes han debilitado una de las industrias más importantes del país. No es un colapso inmediato, pero sí una erosión constante. Estos son algunos de los errores más costosos.

1. La cancelación del Aeropuerto de Texcoco: el Hub que nunca fue
La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México no fue solo una decisión de infraestructura: fue un golpe estratégico. Diseñado por Norman Foster, el proyecto buscaba convertir a México en un hub aéreo internacional, es decir, un punto de conexión donde pasajeros de distintas partes del mundo hacen escala para continuar a otros destinos.
Ese modelo ha sido clave para aeropuertos como Panamá, Dallas o Atlanta. México, en cambio, decidió renunciar a esa posición. El resultado: pérdida de competitividad, rutas que nunca llegaron y otras que migraron a hubs mejor conectados.
El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles no ha logrado llenar ese vacío. La conectividad sigue siendo limitada y, más importante aún, no responde a la lógica global del tráfico aéreo.

2. La desaparición del Consejo de Promoción Turística: el tiro en el pie
México presumió durante años estar en el top 10 mundial de visitantes. Pero lo que no se dice es que ese posicionamiento no es automático: se construye.
El Consejo de Promoción Turística de México era el brazo encargado de vender el país al mundo. Su desaparición dejó un vacío que nunca se llenó.
Se intentó sustituir con “embajadas turísticas” y esquemas diplomáticos que, en la práctica, no funcionaron. El turismo no se promueve solo. Y menos en un mercado global hipercompetido.

3. El Impuesto al Hospedaje, el desmantelamiento de Fonatur y la pérdida de visión
Durante años, el impuesto al hospedaje tenía un objetivo claro: financiar la promoción turística. Era un mecanismo alineado: quien se beneficia del turismo, reinvierte en atraer más turismo.
Hoy, esos recursos han sido redirigidos a proyectos de infraestructura como el Tren Maya, rompiendo esa lógica básica.
Pero el problema es aún más profundo: el debilitamiento del Fondo Nacional de Fomento al Turismo.
Fonatur fue el arquitecto de los grandes Centros Integralmente Planeados del país: Cancún, Cozumel, Huatulco, Ixtapa. Destinos que no surgieron por casualidad, sino por planeación técnica, visión de largo plazo y coordinación público-privada.
Hoy, ese modelo ha sido prácticamente abandonado. Fonatur dejó de ser un motor de desarrollo turístico estructurado para convertirse en un instrumento operativo de proyectos específicos, diluyendo su esencia.
El resultado es preocupante: se dejó de invertir en promoción y en planeación turística estratégica, para destinar recursos a obras que operan como verdaderas bolsas sin fondo, sin claridad en retorno turístico ni financiero.
4. El Tren Maya: entre narrativa política y realidad económica
El Tren Maya se vendió como detonador turístico. Pero hay un problema estructural: los trenes turísticos rara vez son rentables por sí mismos.
Los casos exitosos en el mundo operan en regiones densamente pobladas o con altísima demanda constante. No es el caso del sureste mexicano en esos términos.
Además, el costo del traslado en muchos tramos no es necesariamente más competitivo que ir en auto o autobús. Y el turista internacional prioriza tiempo, no ideología de transporte.
5. El deterioro ambiental: de activo turístico a pasivo estratégico
México vende naturaleza: playas, selva, cenotes, biodiversidad. Pero esa promesa hoy está bajo presión.
El Tren Maya no solo enfrenta dudas económicas, sino ambientales. Lo que inició como crítica local ya escaló: incluso National Geographic ha documentado afectaciones en ecosistemas sensibles.
Daños a cenotes, intervención en zonas frágiles y deterioro ambiental que impacta directamente el producto turístico. El visitante no viene a ver concreto.
A esto se suma la erosión de ecosistemas por crecimiento desordenado y, como golpe adicional, derrames vinculados a Petróleos Mexicanos en Veracruz, que refuerzan la narrativa de contaminación.
No es un hecho aislado, es acumulativo. Y en turismo, perder naturaleza es perder ventaja.
6. Golpes a la inversión privada: el caso Xcaret y Xibalbá
La relación con la iniciativa privada turística se ha tensado. Casos como la cancelación o freno del proyecto Parque Xibalbá, con una inversión de miles de millones de pesos, mandan un mensaje claro: la certeza jurídica no está garantizada.
El conflicto con Grupo Xcaret, incluyendo temas como la Travesía Sagrada Maya, impacta más allá de una empresa: afecta confianza, empleo y cadena de valor.
Xcaret no es menor: emplea a miles de personas y es referente mundial en turismo sostenible. Golpear a ese tipo de actores tiene consecuencias sistémicas.
7. Visit México: la vitrina rota
La plataforma Visit México debió ser la cara digital del país. En cambio, se convirtió en símbolo de desorganización.
Errores de traducción, caídas del sitio, abandono y falta de estrategia digital. En un mundo donde el turista decide desde su celular, México dejó su escaparate en ruinas.
8. La seguridad: el problema que nadie quiere admitir
El turismo vive de la percepción. Y en ese terreno, México está perdiendo.
La estrategia de seguridad —popularizada bajo la narrativa de “abrazos, no balazos”— no ha dado los resultados esperados. Los hechos recientes refuerzan esa percepción: episodios de violencia en zonas turísticas como Teotihuacán, y crisis de seguridad en estados como Jalisco, donde la violencia ha escalado en momentos clave.
Para el turista internacional, no hay matices: hay destinos seguros y destinos que no lo son. Y cuando las imágenes de violencia circulan globalmente, el impacto es inmediato.
Ya se perciben señales: ciertos mercados han reducido su flujo, y algunos viajeros optan por alternativas donde la seguridad es más predecible.
9. La saturación y mala experiencia en aeropuertos: la primera impresión también cuenta
El turismo empieza en el aeropuerto, no en la playa.
El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México lleva años saturado: retrasos, procesos lentos y una experiencia lejos de estándares globales. A esto se suma una fragmentación mal resuelta con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y Toluca, sin conectividad ni integración clara.
Fuera del aeropuerto, el problema continúa: conflictos con plataformas como Uber y agresiones de taxistas que deterioran la primera impresión del visitante.
El resultado: llegar a México es confuso y desgastante. Y en turismo, la experiencia empieza mucho antes del hotel: empieza cuando aterrizas.
10. La narrativa: negar el problema mientras se erosiona la base
Quizá el error más grave no es uno en específico, sino la suma acompañada de una narrativa que insiste en que “todo está bien”.
Sí, México sigue recibiendo turistas. Pero eso responde más a inercia, geografía y mercado natural (especialmente Estados Unidos) que a estrategia.
El problema es silencioso: pérdida de competitividad, debilitamiento institucional, fuga de inversión y deterioro de marca país.
Conclusión: el turismo no se destruye de golpe, se desgasta
El turismo en México no va a colapsar mañana. Pero tampoco va a crecer como podría.
Lo preocupante no es un error aislado, sino un patrón: decisiones que desmantelan lo que sí funcionaba, sin construir algo mejor a cambio.
Y en turismo, quedarse quieto es retroceder.




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