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México: exprimir al turista hasta que deje de venir

hace 2 días
4 min de lectura

México tiene una riqueza turística extraordinaria y una clase gobernante que parece empeñada en ponerla a prueba. Playas, ciudades coloniales, gastronomía y cultura sostienen una actividad que genera oportunidades para millones de personas. Pero ningún atractivo es inagotable cuando la experiencia del visitante queda atrapada entre cobros, abusos, incertidumbre y violencia.



El turismo puede resistir una crisis. Lo que difícilmente puede soportar indefinidamente es la combinación de inseguridad y soberbia gubernamental: cobrar como si se ofreciera excelencia, mientras se exige al visitante que tolere deficiencias que ninguna campaña publicitaria puede ocultar.


Desde la llegada de Morena al poder federal en 2018, la promesa de transformación no ha corregido esos males. Mi juicio es más severo: decisiones como la desaparición del Consejo de Promoción Turística de México, decretada en 2019, representan un retroceso en la manera de entender una industria que exige continuidad, profesionalismo y competencia internacional. Se desmontó una institución de promoción; los destinos y las empresas quedaron frente a la obligación permanente de mantener su presencia en los mercados.


Los problemas no comenzaron todos con Morena. Precisamente por eso resulta más grave que un movimiento que prometió cambiarlo todo no pueda escudarse eternamente en lo que recibió. Después de años de gobierno, la herencia deja de servir como explicación suficiente y empieza a parecer una coartada.


Cobrar primero, responder después


El Visitax expresa una discusión que los gobiernos preferirían resolver únicamente en términos recaudatorios. Es un derecho estatal de Quintana Roo, dirigido a visitantes extranjeros, creado en 2021 durante la administración anterior a la actual. No es un arancel federal ni una creación del actual gobierno morenista del estado. Sin embargo, este último lo mantiene y ha defendido mejorar su mecanismo de cobro.


La pregunta política y económica permanece: ¿qué recibe el visitante a cambio de la acumulación de cargos?


Un cobro puede tener fundamento legal y, aun así, formar parte de una política turística torpe. Cuando al viajero se le pide pagar más, la autoridad debería poder mostrar mejores servicios, protección efectiva y resultados verificables. La legalidad del recibo no sustituye la calidad del destino.


La impresión que produce esta lógica es demoledora: el turista importa como fuente de ingresos, pero su experiencia parece ocupar un lugar secundario. Se pretende aprovechar su presencia hasta el último momento, como si su decisión de regresar estuviera garantizada.


Los taxis y la hospitalidad bajo amenaza


Los abusos de ciertos taxistas en Cancún tampoco pueden despacharse como simples diferencias entre transportistas. En enero de 2023, las agresiones relacionadas con las disputas entre taxis y plataformas provocaron una alerta estadounidense; hubo bloqueos y turistas afectados en sus traslados.


¿Qué imagen vende un destino cuando un visitante teme ser hostigado por elegir cómo transportarse?


Defender el trabajo de los taxistas no significa conceder impunidad a quienes intimidan. Ninguna concesión debería funcionar como permiso para apropiarse del pasajero. Cuando la autoridad tolera que una disputa comercial se convierta en un problema de seguridad, abandona al usuario y castiga también a los transportistas que sí trabajan con honestidad.


La hospitalidad pierde todo sentido cuando el viajero descubre que su libertad de elegir depende de quién controla la banqueta.


Migración: la bienvenida convertida en agravio


En materia migratoria, la responsabilidad federal es directa. La CNDH emitió la Recomendación 111/2023 al Instituto Nacional de Migración por el caso de dos turistas colombianos a quienes se negó la entrada y se mantuvo en condiciones insalubres en el aeropuerto de Cancún. No se trata solamente de una mala reseña en internet: hubo una investigación y un pronunciamiento institucional.


México tiene derecho a controlar sus fronteras. Ese derecho exige procedimientos legales y trato digno; no justifica humillaciones.


Resulta absurdo gastar esfuerzos en atraer visitantes mientras una autoridad puede convertir su llegada en una experiencia degradante. Un turista agraviado se lleva algo más persistente que un folleto: una historia que contará al regresar.


Cuando las vacaciones terminan en tragedia


La inseguridad es el fracaso más doloroso. El 20 de octubre de 2021 murieron en un tiroteo en el restaurante La Malquerida, en Tulum, Anjali Ryot, originaria de India y residente en California, y Jennifer Henzold, alemana. Otros tres turistas resultaron heridos. Cenaban cuando quedaron atrapados en un enfrentamiento.


No eran dos estadounidenses, pero la precisión de sus nacionalidades no disminuye el horror: habían viajado a disfrutar un destino y encontraron una violencia que no les pertenecía.


En Mazatlán, Carlos Emilio Galván Valenzuela desapareció el 5 de octubre de 2025, durante un viaje familiar para celebrar su cumpleaños. Según el testimonio de sus familiares, fue al baño de Terraza Valentino’s y no regresó con ellos. El 24 de octubre de 2026, más de un año después, la FGR aseguró el inmueble como parte de la investigación. Ese acto no equivale a esclarecer los hechos ni establece por sí mismo responsabilidades penales.


Para una familia, ninguna cifra de ocupación hotelera compensa la ausencia de un hijo. Para un destino, ninguna campaña puede volver irrelevante esa pregunta: ¿qué ocurrió y dónde está?


En las carreteras, el panorama también erosiona la confianza. Las advertencias estadounidenses sobre México recomiendan viajar entre ciudades durante el día y reconocen la existencia de retenes ilegales utilizados por delincuentes para extorsionar. Las condiciones varían por región, pero el problema afecta una promesa elemental del turismo: poder desplazarse con tranquilidad.


El desgaste también tiene un límite


Federación, estados y municipios tienen responsabilidades distintas. Esa distribución debería servir para exigir cuentas, no para que todos se escondan detrás de otro escritorio.


Mi crítica a los gobiernos de Morena es que la retórica de transformación resulta cada vez menos convincente frente a estos hechos. El turismo necesita seguridad, promoción profesional, competencia y respeto al consumidor. Recibe demasiadas explicaciones y demasiadas facturas.


El riesgo es seguir confundiendo la belleza de México con una garantía de éxito perpetuo. Los destinos compiten; los visitantes comparan, recuerdan y eligen.


Si el gobierno y los grupos que abusan del viajero siguen viendo al turista como una cartera que debe exprimirse, terminarán dañando a quienes viven de atenderlo bien.


Y cuando ese visitante elija otro país, no habrá discurso triunfalista capaz de obligarlo a regresar.

 
 
 

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