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Mexitours: 46 años sobre ruedas, cero atajos: lo que la familia Mejía le enseña al turismo

Hay una frase que resume mejor que cualquier plan estratégico lo que significa sobrevivir casi medio siglo en el turismo mexicano: "ni tú ni yo tocamos ese dinero, solo lo usaremos para algo grande". Jorge Mejía se la dijo a su esposa Alicia cuando todavía era guía de turistas y ahorraba en una libreta falsa, de esas diseñadas para esconder el dinero de los ladrones. Ese gesto, pequeño y casi ingenuo, terminó siendo la semilla de Mexitours, una de las operadoras receptivas más sólidas del país. Y ese contraste, entre lo modesto del origen y lo grande de lo que se construyó, es la clave para entender por qué el caso Mexitours importa más allá de la anécdota familiar.


Familia Mejía
Familia Mejía

El turismo receptivo mexicano tiene un problema de fondo que pocas veces se dice en voz alta: es un negocio que se ve glamoroso desde afuera y que por dentro se sostiene con operadores que no faltan, mecánicos que resuelven a las tres de la mañana y familias que ponen la casa, literal, como garantía. Mexitours no esconde esa parte incómoda. Al contrario, la exhibe. Ahí está el chofer que le robaba en diésel y peajes al fundador en los primeros años, ahí está la frase que Jorge repite como mantra, "para dirigir, hay que saber hacer", después de pasarse tres años manejando autobuses por todo el país y hasta Miami. No hay atajo gerencial que sustituya haber estado detrás del volante cuando el negocio todavía no tenía nombre.



Lo que distingue a Mexitours de tantas operadoras que nacieron en los setenta y no llegaron a los noventa no es la flotilla, ni las alianzas internacionales, ni siquiera la certificación de Gray Line que tuvieron durante una década. Es que entendieron a tiempo algo que a las empresas familiares casi siempre les cuesta la vida entender: que cariño y estructura no son lo mismo, y que confundirlos sale carísimo. La huelga de 1994 es el ejemplo más brutal de esa lección. Jorge Mejía escondido en su propia oficina, alimentado por vecinas que le tiraban comida por la ventana, mientras empleados a los que consideraba amigos se repartían mentalmente la empresa que él había construido con una libreta falsa y tres años de callo en las manos. La salida de esa crisis no vino de un consultor ni de un manual de recursos humanos. Vino de Alicia Mejía saliendo a la calle a sacar a gritos a los agresores, y de un acuerdo que costó, entre otras cosas, que los trabajadores perdieran un treinta por ciento de ingreso a cambio de sueldo fijo y reglas claras. Es una lección incómoda para cualquiera que crea que se puede dirigir una empresa turística como si fuera una extensión de la sala de la casa: en algún momento hay que elegir entre ser familia y ser empresa, y quien no elige, termina eligiendo por default y mal.


El accidente de Acaponeta en 1992 aporta otra capa, más dolorosa todavía. Diez autobuses, más de cuatrocientos estudiantes, dos tráileres que venían echando carreras en una carretera secundaria de Nayarit. No hubo muertos, pero hubo tres meses de hospital para una joven y una cicatriz moral que la familia carga hasta hoy. Lo interesante, para efectos de gestión, es la conclusión a la que llegaron: no basta con cumplir, hay que anticiparse a lo incontrolable. Esa frase debería estar colgada en la entrada de cualquier operadora que mueve grupos por carretera en México, un país donde la seguridad vial de las carreteras secundarias sigue siendo una ruleta y donde la respuesta institucional ante un accidente de este tipo sigue dependiendo, en buena medida, de la ética de la empresa privada y no de un sistema de protección al viajero que funcione de verdad.


El episodio de 2023 con los boletos falsos para el concierto de Taylor Swift merece una lectura aparte, porque retrata algo que va más allá de Mexitours: la fragilidad estructural del turista frente al fraude de terceros. Doscientos pasajeros guatemaltecos estafados por una productora que no era Mexitours, y sin embargo fue Mexitours quien absorbió el costo de hospedaje, traslados y reembolsos, además de las amenazas en redes sociales contra Andrés Mejía, que ni siquiera estaba en el país cuando estalló el escándalo. Que una empresa receptiva termine haciendo de aseguradora moral de un fraude ajeno dice más del vacío regulatorio del sector que de la generosidad de la familia Mejía. Es una responsabilidad que ninguna operadora debería tener que asumir sola, y que sin embargo asumen, porque la reputación construida en cuarenta años no se protege con letra chica sino con decisiones caras tomadas en caliente.


Ahora Mexitours enfrenta el reto que decide si una empresa familiar se convierte en legado o en anécdota: la transición generacional. Andrés Mejía no llegó a heredar un puesto, se lo ganó desde abajo, y hoy encabeza divisiones como Mexincentive y Leemba Travel, esta última pensada para el turismo LGBTQ+, un segmento que buena parte del sector todavía trata con timidez quinceañera cuando debería tratarlo como lo que es, un mercado maduro con poder adquisitivo real. Que una operadora con cuarenta y cinco años de historia meta a un socio abiertamente identificado con esa comunidad al frente de una unidad de negocio dice más sobre hacia dónde tiene que moverse el turismo receptivo mexicano que cualquier discurso institucional sobre inclusión.


El mérito de Mexitours no está en haber evitado las crisis, porque no las evitó, vivió devaluaciones, un terremoto, una huelga, un accidente carretero y un fraude ajeno que terminó siendo su problema. El mérito está en haber convertido cada golpe en una regla operativa nueva, sin perder el acento familiar que, paradójicamente, es lo que las Gray Line del mundo nunca pudieron replicarles cuando compraron la licencia. Alicia Mejía lo dijo mejor que cualquier consultor lo diría jamás: Gray Line es el McDonald's del turismo, ellos son otra cosa. En un sector mexicano que tiende a copiar franquicias y discursos de afuera, Mexitours es la prueba de que la ventaja competitiva real, la que ninguna licencia internacional puede vender, es la que se construye a punta de terquedad, cicatrices y una libreta falsa que un día alguien decidió no tocar.



Fuentes

Poot Franco, I. (2025). Mexitours: Turismo familiar con visión global, 46 años mostrando México al mundo [Estudio de caso]. Seminario en Alta Dirección Turística, Expertos en Turismo.

 
 
 

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