El Mundial no va a ser el gran negocio turístico que todos esperan
- Ian Poot Franco

- hace 10 horas
- 2 Min. de lectura
Lo he pensado mucho antes de escribir esto. Sé que la mayor parte de los tour operadores, agencias y profesionales del sector andan felices tomando cursos y certificaciones para el Mundial. No quería romper esa luna de miel antes de tiempo. Pero a menos de un mes del arranque, toca ser claros: el Mundial 2026 no va a ser el gran negocio turístico que la gente imagina.

El error de siempre: confundir un evento con una oportunidad turística real
Tenemos un problema estructural en la industria: cuando vemos un evento grande, automáticamente lo equiparamos con dinero. Y no funciona así.
Coincido con lo que señaló Aldo Sales Saud en TikTok —se los recomiendo ver— sobre un fenómeno que se repite: los visitantes que realmente llegarían en grandes volúmenes son aficionados de países de alto potencial futbolístico que, paradójicamente, enfrentan barreras enormes para entrar a Estados Unidos. Las políticas migratorias actuales, las visas encarecidas y el mensaje general de "no bienvenida" que proyecta el país anfitrión van a limitar severamente la afluencia internacional.
El efecto FIFA en los precios: elasticidad de la demanda ignorada
Cuando los hoteles subieron hasta 900% sus tarifas y la FIFA primero reservó habitaciones masivamente para luego cancelarlas, se generó un esquema que expulsó a turistas genuinos del mercado. La demanda tiene elasticidad. La gente quiere el fútbol, pero no a cualquier precio.
300 mil turistas internacionales: el número que nadie quiere analizar
Las estimaciones hablan de 300 mil turistas internacionales para todo el torneo. Para dimensionar: eso es lo que llena el EDC en un fin de semana. Un festival. Estamos tratando este evento como si fuera la panacea del turismo nacional, y ninguna ciudad —ni México— puede transformar su panorama turístico con una sola oleada de visitantes de ese tamaño.
El antecedente que no aprendimos: Qatar, Brasil, Rusia
Qatar construyó estadios que tuvo que desmantelar. Las ciudades que levantó quedaron fantasmas.
Brasil apostó a tener Olimpiadas y Mundial juntos como plataforma de promoción turística. El resultado no fue el que prometieron.
Rusia no despuntó sus cifras turísticas tras su Mundial.
La promoción turística no funciona con eventos que traen un turista ultra especializado, que viaja para ver partidos —no para descubrir culturas— y que se va en cuanto termina su equipo.
¿Quiénes sí van a ganar?
El gran negocio del Mundial 2026 es la transmisión televisiva. Ese es el producto real de la FIFA. Los estadios con 40 u 80 mil personas son el set de grabación; el mercado son los millones frente a una pantalla. Los que ganarán son las cerveceras, las marcas patrocinadoras, los fabricantes de playeras y la FIFA misma —que sabe vender la fantasía del negocio turístico mejor que nadie.
La pregunta que deberían hacerse los destinos
Muchos países ya están llegando a esta conclusión: no hay gran competencia por llevarse mundiales y olimpiadas porque los números no cuadran. Solo quienes pueden darse el lujo de asumir pérdidas —como Qatar— avanzan sin voltear atrás. México tiene problemas reales. Y el dinero que se está invirtiendo en esta narrativa del gran boom turístico podría estar mejor dirigido.
Ojalá la industria, en lugar de tomar cursos para aprovechar el Mundial, se preparara para lo que viene después: explicarle a sus clientes por qué el gran evento no trajo lo que prometía.




Comentarios