Las 10 experiencias que todo viajero debe vivir en México
- Ian Poot Franco

- 11 jul
- 8 min de lectura
Después de recorrer prácticamente todos los estados de la República Mexicana, de visitar cientos de hoteles, parques, pueblos mágicos, playas, museos y destinos durante toda una vida dedicada al turismo, uno desarrolla un defecto profesional: ya no se impresiona con facilidad. Con el tiempo aprendes a distinguir entre un lugar bonito y una experiencia inolvidable. Y créeme, no siempre son lo mismo.

En México tenemos una costumbre muy curiosa: confundimos un destino con una experiencia turística. Basta con que un sitio tenga una iglesia antigua, un letrero colorido para tomarse la foto o un par de restaurantes para que inmediatamente aparezca en las listas de "imperdibles". Sin embargo, cuando termina el recorrido, muchas veces uno se pregunta: "¿Y ahora qué sigue?"
Este artículo no pretende enlistar los lugares más hermosos del país, ni mucho menos decir cuáles tienen mayor valor histórico o cultural. Tampoco es una lista patrocinada ni una recopilación de hoteles de lujo. Aquí hablo exclusivamente de experiencias turísticas: lugares abiertos al público y no necesariamente gratis o baratos, bien operados, donde la gastronomía, la cultura, el entretenimiento, la naturaleza y el servicio se combinan para hacer que el viaje valga realmente la pena.
Después de dedicar prácticamente toda mi vida al turismo, estas son, en mi opinión, las diez experiencias que todo mexicano —y todo extranjero— debería vivir al menos una vez.
1. Xcaret: la pequeña embajada de México
Hace algunos años tuve la oportunidad de entrevistar a Miguel Quintana Pali. Durante nuestra conversación pronunció una frase que jamás olvidé: "Xcaret es una pequeña embajada de México." Entre más pasa el tiempo, más convencido estoy de que tenía razón.
Si un extranjero solamente pudiera conocer un pequeño fragmento del país, probablemente Xcaret sería la mejor elección. En un solo lugar conviven la naturaleza, la gastronomía, las tradiciones, los ríos subterráneos, la fauna, las artesanías y uno de los espectáculos más impresionantes que se hayan producido sobre la historia y la identidad mexicana.
El parque consigue algo que muy pocos destinos logran: condensar la enorme diversidad de México sin sentirse artificial.
No pretende ser una opción económica. Pretende ser una experiencia de clase mundial. Y, en mi opinión, lo consigue.

2. Mundo Cuervo y el José Cuervo Express
Si Disney hubiera nacido en Jalisco, probablemente se llamaría Mundo Cuervo.
La experiencia comienza incluso antes de llegar a Tequila. Subirse al José Cuervo Express ya es parte del viaje: el paisaje agavero desfila por la ventana mientras el visitante empieza a entender que el tequila no es solamente una bebida, sino una parte fundamental de la identidad mexicana.

Una vez en el destino aparecen las destilerías, las catas, la gastronomía, la historia de la familia Cuervo y una producción turística impecable. Todo está diseñado para que el visitante aprenda, disfrute y se divierta sin sentir que está tomando una clase de historia.
No es una experiencia barata, pero sí una de esas que justifican plenamente el viaje.

3. El Chepe y Barrancas del Cobre
Viajar por las Barrancas del Cobre sigue siendo una de las grandes experiencias ferroviarias del mundo.
Confieso que extraño el antiguo Chepe Regional. Tenía un restaurante que se volvió casi legendario entre quienes recorrimos esa ruta hace algunos años. Con el tiempo pareciera que toda la estrategia se orientó a posicionar el Chepe Express como el producto principal, y aunque esa decisión dejó cierta nostalgia, el resultado sigue siendo extraordinario.

Hay muy pocos lugares donde el trayecto sea tan importante como el destino. Conforme el tren avanza entre cañones, túneles y montañas, uno entiende por qué este recorrido sigue apareciendo entre los mejores viajes ferroviarios del continente.

4. Xplor
Quien piense que los parques temáticos son exclusivamente para niños probablemente nunca ha visitado Xplor.

Aquí la aventura está cuidadosamente diseñada para adultos y familias que buscan algo más que una caminata. Descender por cuevas, recorrer ríos subterráneos, conducir vehículos anfibios y cruzar la selva sobre tirolesas gigantes forman parte de una experiencia donde cada detalle transmite profesionalismo.

Lo que más me gusta de Xplor es que nunca da la impresión de ser un parque improvisado. Todo fluye con naturalidad y el visitante puede dedicarse simplemente a disfrutar.

5. Chapultepec: el mejor complejo cultural de México
Hablar de Chapultepec no es hablar de un parque.
Es hablar de un complejo turístico y cultural que, por sí solo, justificaría un viaje a la Ciudad de México.

Con cerca de 866 hectáreas, es aproximadamente dos veces y media más grande que Central Park, en Nueva York, y concentra una cantidad de atractivos que difícilmente pueden encontrarse reunidos en un solo lugar en cualquier otra ciudad del continente.
Aquí se encuentra el Castillo de Chapultepec, el único castillo de América que llegó a ser residencia oficial de un emperador; un edificio que ha sido fortaleza, Colegio Militar, residencia presidencial y hoy resguarda buena parte de la historia nacional. A unos cuantos pasos está el Museo Nacional de Antropología, considerado uno de los museos más importantes del mundo y el mayor referente para comprender las civilizaciones mesoamericanas.

Pero Chapultepec no termina ahí.
El bosque también alberga el Museo Tamayo, el Complejo Cultural Los Pinos, el Zoológico de Chapultepec, el renovado Parque Aztlán con su rueda panorámica, espacios para correr como el circuito del Sope, lagos, jardines, auditorios al aire libre y algunos de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad, como LagoAlgo, donde la gastronomía, el arte y la arquitectura conviven frente al agua.

Basta cruzar Paseo de la Reforma para encontrarse con el Altar a la Patria, mejor conocido como el Monumento a los Niños Héroes, y con el Auditorio Nacional, uno de los recintos de espectáculos más importantes de América Latina. Todo ello se integra con la zona hotelera y corporativa más exclusiva del país, donde conviven hoteles de lujo, embajadas, museos y algunos de los mejores restaurantes de México.
Eso es precisamente lo que hace único a Chapultepec.
En un mismo día puedes desayunar un elote comprado a un vendedor ambulante, recorrer algunos de los museos más importantes del mundo, navegar por el lago, correr entre árboles centenarios, subir a una rueda panorámica, asistir a un concierto internacional y terminar la noche cenando en un restaurante de primer nivel.
Pocos lugares ofrecen una mezcla tan completa de historia, cultura, naturaleza, entretenimiento y gastronomía.
Chapultepec no es solamente el pulmón de la Ciudad de México.
Es, probablemente, el complejo turístico urbano más extraordinario de América Latina.
6. Coyote Canyon Adventures
Pocas experiencias me han sorprendido tanto como esta.
Salir cabalgando desde un rancho y terminar entrando a caballo al corazón de San Miguel de Allende parece una escena sacada de una película del viejo oeste. Sin embargo, aquí todo sucede con una naturalidad sorprendente.
Durante el recorrido se atraviesan paisajes espectaculares, caminos rurales y pequeños rincones que difícilmente conocería un visitante convencional. Cuando finalmente aparece la silueta de San Miguel de Allende frente al jinete, uno entiende por qué esta experiencia termina quedándose grabada en la memoria mucho tiempo después de haber terminado.

7. La Huasteca Potosina
Aquí sería injusto escoger un solo atractivo.
La Huasteca Potosina debe vivirse como una gran ruta de viaje. Las Pozas de Edward James, el Puente de Dios, las Cascadas de Tamul, Micos, Tamasopo y las innumerables pozas de agua color turquesa forman un conjunto que parece sacado de otro país.
Lo extraordinario de la Huasteca es que cada día ofrece una experiencia diferente.

Un amanecer puede comenzar navegando un río de aguas cristalinas y terminar caminando entre esculturas surrealistas escondidas en medio de la selva.
No es un destino para ir con prisas. Es un lugar que merece varios días y que siempre deja la sensación de haber visto apenas una pequeña parte de todo lo que ofrece.

8. Xel-Há
Con frecuencia escucho decir que Xel-Há es "otro parque de Xcaret".
No estoy de acuerdo.
Tiene personalidad propia.
Mientras Xcaret busca representar la diversidad cultural y natural de México, Xel-Há gira alrededor del agua y de una manera distinta de disfrutar el Caribe. La sensación de flotar entre peces, recorrer caletas naturales y pasar horas enteras sin mirar el reloj hace que el visitante entre rápidamente en ese estado donde el tiempo parece dejar de importar.

Es uno de esos lugares donde llegas pensando que pasarás unas cuantas horas y terminas lamentando que el parque tenga hora de cierre.
9. Val'Quirico
Probablemente esta sea la recomendación más polémica de toda la lista.
Sí, sé perfectamente que Val'Quirico no es un Pueblo Mágico.
Tampoco pretende serlo.
Es un desarrollo turístico y comercial inspirado en la arquitectura de una villa toscana contemporánea.

Precisamente ahí radica su mayor acierto.
Muchos pueblos mágicos poseen un enorme valor histórico, pero la experiencia turística suele terminar demasiado pronto. Llegas al centro, visitas la iglesia, das una vuelta alrededor del jardín principal, compras una nieve, ves la presidencia municipal, el Coppel, el Elektra, un taller mecánico... y después de media hora comienzas a preguntarte qué sigue.
Val'Quirico fue diseñado pensando exactamente en esa pregunta.
Aquí el objetivo no es solamente admirar un lugar bonito. El visitante puede caminar durante horas entre callejones, descubrir restaurantes, probar distintas propuestas gastronómicas, entrar a galerías, escuchar música en vivo, tomar un café, comprar artesanías contemporáneas, hospedarse y disfrutar del ambiente hasta entrada la noche.

No estoy diciendo que tenga más valor histórico que cientos de pueblos mexicanos.
Sería absurdo.
Lo que sostengo es algo distinto: como experiencia turística, Val'Quirico entendió muy bien que el viajero actual no solamente quiere contemplar un destino.
Quiere vivirlo.
10. Xoximilco... y la nostalgia por el verdadero Xochimilco
Voy a cerrar con una opinión que seguramente generará debate.
El Xochimilco original, en la Ciudad de México, debería ser una de las grandes experiencias culturales de América Latina. Su historia, sus canales y sus chinampas forman parte del patrimonio de la humanidad. Sin embargo, durante muchos años buena parte de su oferta turística terminó reducida a trajineras donde el exceso de alcohol fue desplazando lentamente el ambiente tradicional que hizo famoso al lugar.
Afortunadamente han surgido iniciativas muy valiosas, como los recorridos en kayak al amanecer, que permiten reencontrarse con el paisaje y recordar la enorme riqueza natural y cultural del sitio.

Ahora bien, si hablamos exclusivamente de la experiencia turística, tengo que reconocer que Xoximilco, en Cancún, tomó esa inspiración y la llevó a un nivel extraordinario. La velada está cuidadosamente diseñada para que el visitante disfrute de la gastronomía mexicana, escuche música en vivo, conviva con personas de distintos lugares y se deje llevar por una producción impecable en la que prácticamente todo fluye con naturalidad.

No reemplaza al Xochimilco original, ni podría hacerlo.
Pero sí demuestra el enorme potencial que tendría el verdadero Xochimilco si algún día lográramos rescatarlo con el mismo cuidado, inversión y visión con los que se desarrollan los mejores productos turísticos del país.
Reflexión final
México no tiene escasez de paisajes extraordinarios. Lo que todavía nos hace falta, en muchos casos, es convertir esos paisajes en experiencias memorables.
Una gran experiencia turística no depende únicamente de la belleza del lugar. Requiere una operación impecable, mantenimiento constante, buena gastronomía, hospitalidad, narrativa y la capacidad de hacer que el visitante quiera quedarse unas horas más... o regresar.
Después de recorrer prácticamente todo el país, sigo convencido de que estas diez experiencias representan algunas de las mejores razones para enamorarse de México. También estoy convencido de que no necesitamos inventar nuevos atractivos turísticos. Lo que necesitamos es cuidar mejor los que ya tenemos y aprender de quienes han entendido que el turismo no consiste solamente en mostrar un lugar, sino en crear recuerdos que permanezcan durante toda la vida.
Porque cuando México decide hacer turismo de clase mundial, muy pocos países pueden competirle.




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